4 claves para identificar el Bullying: ¿Me están acosando?

Como todos sabemos, el acoso escolar es un problema de extrema gravedad que puede acarrear funestas consecuencias para el acosado y sus familias. En los casos más extremos, puede derivar en una adicción, un trastorno mental o incluso el suicidio. Pero siempre en este blog vamos a huir del catastrofismo, centrándonos en la esperanza y en las soluciones, lo cual no está reñido con decir las cosas claras y sin anestesia. Para actuar contra el acoso, el primer paso es identificarlo y no confundirlo con otro tipo de conflictos. Por ello, te voy a dar 4 claves para identificar el bullying y así poder atajarlo con firmeza.

Los casos extremos que os comentaba más arriba acaban en tragedia cuando no se ha puesto remedio a tiempo. Estos chicos y chicas creyeron que no había salida, se callaron o bien lo contaron, pero no tuvieron los apoyos que necesitaban.

Pero sí que hay salida. Lo más importante es no callarse, buscar apoyos del centro de estudios, familia, amigos, compañeros, instituciones…

Igualmente importante es que los menores, sus madres y sus padres dispongan de información para saber detectar el acoso y diferenciarlo de otras situaciones. Y esto es lo que vamos a aclarar a continuación:

Las cuatro principales características del Bulling son las siguientes:

Es una conducta repetitiva y continuada en el tiempo.

No se trata de agresiones o conflictos aislados. Se dan todos los días, o al menos varias veces a la semana y pueden prolongarse durante meses o incluso años. El acosador o acosadora es constante, no se cansa fácilmente. Todo lo contrario: si la víctima que elige no se defiende o toma medidas, se crecerá; su violencia se intensificará paulatinamente y se mantendrá en el tiempo.

Es una conducta selectiva

El acosador/a y su grupo (normalmente tiene un grupo de seguidores/as), eligen una víctima o chivo expiatorio. A partir de ese momento, siempre dirigirán sus ataques a la misma persona.

Aquí hay que distinguir al clásico matón (que nadie dice que sea un santo) del acosador. El primero, cuando decide desquitarse, lo hace con el primero que tiene la desgracia de cruzarse en su camino. El segundo, no: su víctima tiene nombre y apellidos.

Suele estar relacionado con algún rasgo del acosado/a que lo distingue de los demás

Esto no quiere decir que el acosado sea inferior al resto de sus compañeros y compañeras, por supuesto. Pero el acosador/a tiene esta percepción. Hay diversas características físicas y psicológicas que pueden ser utilizadas por él o ella como «justificación» de su violencia: timidez, una forma peculiar de vestir o comportarse, sobrepeso o excesiva delgadez, ser extranjero/a o de una determinada etnia, discapacidad física o intelectual…

También puede cebarse con chicos o chicas que destacan por su expediente académico o por su físico. En este caso, la motivación del acosador/a es la envidia, en lugar del desprecio.

Adopta diversas formas

Es importante tener en cuenta que el Bullying no solo consiste en apalear a alguien. De hecho, la violencia física no es la más destructiva. La psicológica produce daños más graves a largo plazo. En este caso, el objetivo de los acosadores/as es aniquilar la autoestima y la dignidad de las personas a las que agreden.

Otras formas de violencia que se utilizan en el Bullying son:

  • Verbal: insultos, burlas, motes, comentarios de desprecio, discriminatorios, sexistas…
  • Exclusión social: se trata de excluir a la persona maltratada de juegos, actividades o conversaciones.
  • Psicológica: aunque está presente en todos los demás tipos de acoso, con ella nos referimos a todas aquellas actitudes violentas que no impliquen agresión física, cuyo objetivo sea humillar y atacar la autoestima. Se manifiesta comúnmente a través de la violencia verbal, pero también a través del lenguaje no verbal. Ejemplos: miradas fijas o de desprecio, risas, gestos faciales u obscenos, señalar, etc.
  • Ciberbullying: consiste en la recepción de burlas, insultos, amenazas e incluso la incitación al suicidio a través de redes sociales, whatsapp, videollamadas, etc. Incluye la difusión de fotos, vídeos u otros materiales audiovisuales que atentan contra la dignidad de la víctima elegida, robo de identidad para desprestigiar como por ejemplo suscripción a sitios con contenido para adultos…

Como conclusión, podemos afirmar que es muy importante no confundir el Bullying con otras situaciones menos graves como enfrentamientos aislados o peleas, que son achacables a una falta de control de impulsos hasta cierto punto natural en la infancia y adolescencia. Esto no tiene nada que ver con algo premeditado, injustificado, cobarde y cruel como es el acoso.

Confundir las dos cosas es peligroso, pues puede llegar a enmascarar y restar credibilidad, e incluso llegar a ser utilizado para restar importancia a los casos reales, aduciendo que son “cosas de chavales” y esas tonterías que a veces se oyen por ahí.


Ahora que ya sabes distinguir un acoso de lo que no lo es:

Si eres menor y eres objeto de Bullying…

¡No te calles! Cuéntalo. No colabores con el acosador/a con tu silencio.

Si eres padre o madre... ¡Actúa! Habla con el colegio, con la policía o con quien haga falta, busca ayuda de profesionales, remueve Roma con Santiago. Y sobre todo…

dale todo el apoyo y el cariño que puedas a tu hijo/a.

Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento

Eleanor Roosevelt

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