5 estrategias para defenderte de una agresión

Las estrategias para defenderte de una agresión son casi tan importantes como las propias técnicas de autodefensa, independientemente del método o arte marcial que se practique. La mayoría de ellas están basadas en un adecuado análisis de la situación.

Posiblemente te estés preguntando qué quiero decir con «estrategias para defenderte de una agresión». Con ello, me estoy refiriendo al plan que vas a seguir para defenderte y escapar de la situación ileso/a o, al menos, sin heridas graves. Una vez trazado el plan, utilizarás las técnicas defensivas necesarias para llevarlo a buen fin y volver a casa vivo/a y entero/a.

Matizo, y matizaré siempre en los artículos que traten sobre autodefensa, que esta solo se pondrá en práctica como último recurso. Has de agotar todas las estrategias que no impliquen confrontación física como huir, pedir ayuda, etc. y solo luchar si te ves acorralado/a. La mejor autodefensa es no estar allí.

Aclarado esto, supongo que estarás pensando algo así como:

«Sí, vale, vale. Pero un análisis por bueno que sea, no me va a sacar del aprieto».

Y tendrás razón. Evidentemente no te va a sacar del aprieto por sí solo, pero es la base para que lo que venga después salga mucho mejor. Si consideramos que un 100% de éxito en un intento de agresión es defenderte eficazmente, conseguir huir y llegar a casa ileso/a, un buen análisis contribuye a ese objetivo al menos en un 25 o un 30%.

Vamos a ello:

Analiza el entorno

No será la misma estrategia si se trata de un recinto cerrado o si nos encontramos en el exterior.

Espacios cerrados

Lo primero que tienes que hacer es localizar la salida más cercana o accesible.

Lo de «accesible» lo añado porque no siempre la salida más cercana es la mejor opción, por múltiples motivos.

Por ejemplo, que haya demasiados obstáculos en el camino o esté bloqueada por el agresor o uno de ellos, si son varios.

En este caso, deberás decidir rápidamente qué te compensa más: enfrentarte al agresor para despejar la salida o correr hacia otra más lejana.

Mobiliario

Deberás estudiar si puedes poner el mobiliario a tu favor o si, por el contrario, obstaculiza tu defensa.

Por ejemplo, puedes utilizar sillas, mesas u otro mobiliario para encaramarte a ellas. De esta manera, puedes aumentar tu ventaja defendiéndote desde una posición más elevada.

También puedes utilizar algún objeto como medida disuasoria o arma si no queda otro remedio, etc.

Espacios abiertos

Encontrarte en el exterior no siempre es una ventaja. Puede tratarse de un lugar muy solitario o haber elementos que dificulten tu plan, como vallas, setos o maleza si es un entorno rural, un parque, etc.

Pero suele ser más fácil encontrar una vía de escape, lógicamente. O incluso esconderte, si en ese momento no hay contacto visual.

Busca ayuda

Sea en espacios cerrados o abiertos, observa si hay alguien cerca que te puede prestar auxilio o te las has de arreglar solo/a. Esto te parecerá muy obvio, así como otros consejos de este artículo, pero en situaciones de peligro no es raro bloquearse y dejar de pensar con claridad.

A menudo, las víctimas de agresiones ni siquiera gritan pidiendo auxilio porque el miedo las bloquea. Sin embargo, si lo hubieran hecho, podrían haber llamado la atención de personas que se encontraban cerca en ese momento.

Recuerda el caso de «el chicle», el asesino de Diana Quer. Cuando intentó actuar de nuevo, intentando introducir a la fuerza a otra chica en su vehículo, esta gritó con todas sus fuerzas. Un par de chicos que pasaban cerca de allí, la oyeron, se enfrentaron al asesino y este huyó.

Analiza la constitución física del agresor

¿Es fornido y lento? ¿Es delgado y ágil?

Tendemos a pensar que el primero es más peligroso, y frecuentemente es así, sobre todo en una lucha cuerpo a cuerpo, pero no siempre. La diferencia puede ser fundamental respecto a la estrategia que vamos a elegir.

Cuando el agresor es un individuo fornido y pesado, es muy posible que si corres y eres rápido/a no te alcance.

Pero si optas por huir cuando se trata de un agresor menos fuerte pero más ágil, darle la espalda para correr tal vez no sea la mejor opción. Si te alcanza en plena carrera, estarás en clara desventaja.

No hay reglas fijas, porque hay otros factores que pueden pesar como si lleva armas, si se oye gente alrededor que te pueda socorrer como te decía antes, etc. Pero tener en cuenta esto puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no.

Nunca subestimes a tu adversario

El tamaño y la complexión física no lo es todo.

Ya sé que esto puede parecer contradictorio con el punto anterior, pero no lo es. Lo que quiero decir es que si decides luchar en lugar de huir o, simplemente no tienes otra opción, no des la batalla por ganada si el agresor te parece de reducido tamaño, porque un exceso de confianza te puede llevar al desastre.

Puede ser un crack en boxeo, lucha callejera, etc., puede ir armado o esconder un as en la manga que te haya pasado inadvertido.

Analiza el perfil psicológico del agresor

Igual aquí acabas de soltar un bufido y piensas:

«¿Se supone que tengo que psicoanalizarlo? ¿Le hago una entrevista o qué?

No hace falta. Me explico: aquí vuelve a haber dos supuestos.

Conoces al agresor: el ejemplo más típico es el de la violencia de género, aunque hay muchos más. Siguiendo con este ejemplo, si es tu pareja o expareja, conocerás perfectamente su personalidad.

Sabrás hasta dónde es capaz de llegar y, por tanto, el riesgo que corres.

No conoces al agresor: en este caso, aunque sea imposible conocer su personalidad, podemos analizar su estado psicológico en ese momento.

Por su expresión facial y lenguaje corporal podemos saber si está encolerizado, nervioso o tranquilo, seguro o inseguro, etc.

Si está tranquilo, no te fíes. Incluso puede ser más peligroso. Esa tranquilidad puede deberse a que tiene un as en la manga. También puede tratarse de alguien con rasgos psicopáticos, que sabe controlar sus emociones, pero es intensamente violento.

Observa sus manos

Si sujeta algo pero no distingues qué es exactamente, aunque no sea un arma, puede ser cualquier objeto que le sirva para herirte gravemente: una piedra, ladrillo, botella, cristal, un trozo de metal, etc.

Si las oculta, ponte en lo peor, por si acaso: es probable que oculte un arma y quiera sorprenderte.

Si tiene los puños cerrados, estará encolerizado y la agresión es inminente.

Posiblemente estás pensando que este análisis te llevará demasiado tiempo, y que no es viable, ya que mientras tú piensas en todo esto, ya te estarán agrediendo. Pero lo que por escrito parece un proceso demasiado largo, nuestro cerebro lo puede procesar en tan solo un instante, sobre todo con algo de práctica.

Piensa cómo un conductor o conductora, después de unos meses circulando, automatiza sus acciones. Aquello que al principio tenía que pensar conscientemente (piso el embrague, meto primera, acelero, suelto embrague, pongo el intermitente…), tras unos meses, se lleva a cabo de forma automática sin que el pensamiento consciente intervenga.

Precisamente ese es el objetivo de este artículo: transmitirte que esto también se puede entrenar. ¿Cómo?

Puedes tomártelo como un juego o un desafío. De vez en cuando, cuando vayas por ahí, piensa cómo saldrías de una situación de peligro si se diera en ese lugar (un bar, una discoteca, un parque, la calle, etc.).

No es cuestión de obsesionarse, sino de entrenar a tu cerebro para que reaccione, analice y trace un plan de forma casi instantánea.

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