Cómo proteger a tu hijo contra el bullying: autoestima

Cuando a una madre o a un padre se le habla de prevención del bullying, automáticamente piensa en el centro de estudios y sus alrededores; es decir, en algo externo al hogar, cosa de maestros, psicólogos, orientadores, etc. Efectivamente, una parte de la prevención corresponde al centro educativo. Pero otra, posiblemente más importante todavía, es la educación que damos a nuestros hijos e hijas. Sigue leyendo y sabrás cómo proteger a tu hijo contra el bullying.

Sé lo que estás pensando: ¿Cómo puedo controlar yo algo que ocurre en el colegio o en el instituto? Evidentemente, no tienes posibilidad de influir directamente en el centro de estudios y menos aún en sus alrededores, pero sí puedes “vacunar” a tu hijo mediante la educación.

Empezaré por aclarar cómo la educación puede influir en la prevención del bullying.

Pongámonos en la piel de un acosador o acosadora por un momento:

  • Busca a una persona vulnerable (no débil, nunca me ha gustado esa palabra. La debilidad implica que no hay posibilidad de cambio. La vulnerabilidad, por el contrario, es algo temporal que está a nuestro alcance disminuir o incluso eliminar).
  • Busca a una persona que no se defienda, que se calle, que ceda y se derrumbe ante sus amenazas. Al margen de otras características por las cuales una persona puede sufrir acoso escolar, como el sobrepeso, la timidez, la etnia, la nacionalidad, determinadas características físicas o psicológicas, etc. lo que comparten todas ellas es una baja autoestima y, en muchas ocasiones, falta de habilidades sociales. Ambas están relacionadas.

Por lo tanto, si nos esforzamos para que la educación que damos a nuestros hijos e hijas y la forma que tenemos de relacionarnos con ellos/as fomente su autoestima, los estaremos vacunando contra el bullying. Ya no resultarán “atractivos” para un acosador. A este no le interesan personas con fuerza de carácter, que se valoran y se respetan a sí mismas y a los demás. Alguien así no se deja acosar, defiende sus derechos, pide ayuda, no se calla, hace frente a los desafíos, etc.

Y, ¿cómo podemos fomentar la autoestima en nuestros hijos e hijas? Ahí van unos consejos:

(escribiré alternativamente en masculino y en femenino, para no hacer pesada la lectura. Pero evidentemente, todo es aplicable a chicos y chicas, a padres y madres)

Valórala

Déjale claro que la quieres incondicionalmente, aunque a veces se equivoque o no se porte bien.

Destaca sus cualidades y puntos fuertes a menudo

Esto no significa que le digas que es el mejor. Tampoco que todo lo hace bien y que nunca se equivoca. Cuando lo haga, es tu obligación decírselo, pero sin hacerlo sentir culpable o inferior por ello.

Tampoco significa decirle que no tiene defectos. Has de transmitirle que todos los tenemos, que hay que quererse a pesar de ello y aceptar lo que no podemos cambiar.

Recuerda algo muy importante: no personalices. Incide en la conducta, no en características negativas. En este caso, olvídate del verbo ser. No digas: “Eres…”

Por ejemplo, no le digas “¡Qué malo eres!”, sino “te has portado mal”

Prioriza el refuerzo sobre el castigo

Personalmente, no soy partidario de eliminar totalmente el castigo. A veces es necesario, pero siempre como último recurso y, desde luego, nunca físico.

El refuerzo de los comportamientos positivos es mucho más efectivo, créeme, y por supuesto, más humano.

Una educación autoritaria es muy perjudicial para la autoestima. El “dejar hacer” también lo es. Como siempre, el término medio es lo mejor.

El cariño y las normas no están reñidos, siempre que estas últimas sean lo más democráticas posible.

Permite que desarrolle la tolerancia a la frustración

Decirle a todo que sí es un error. No quieres más a tu hija por darle todo lo que desea; todo lo contrario, estar dispuesto a que te odie temporalmente por decirle que no a algo es una muestra de amor que a la larga tu hija agradecerá.

Porque la vida, tarde o temprano, va a decirle que no a algo. Si no la has preparado poco a poco para ello, se hundirá. No soportará los vaivenes de la vida y además será una egoísta. Usar el NO con un hijo cuando toca es fortalecerlo ante la adversidad.

Tampoco significa negarle todo. De nuevo, hay que buscar el equilibrio y hacerle ver la diferencia entre lo que desea y lo que necesita. Esto empieza desde muy pequeños, con las “chuches”.

Ponle límites

En la línea del punto anterior, dejar que haga lo que le dé la gana no es educar ni una muestra de amor: es lo más fácil a corto plazo.

Pero un día, eso se volverá contra ti y contra él. No le permitas faltas de respeto ni incumplimiento grave de las normas familiares.

Aceptar y cumplir normas de convivencia y respeto le ayudará a tener empatía y saber comportarse allá donde vaya.

Y no esperes a la adolescencia. Puede ser demasiado tarde.

Dale mucho cariño

Las palabras están muy bien pero, aunque sea un tópico, es muy cierto que se las lleva el viento.

Los hechos hablan por sí mismos: abrázalo, dale besos y otras muestras de cariño. Y demuéstrale que estás dispuesta a hacer todo por él.

Sentirse querido es la base de la autoestima. Le estarás transmitiendo de forma no verbal lo siguiente:

Eres digno de amor

No la sobreprotejas

Deja que haga las cosas por sí misma y felicítala cuando lo consiga. Lógicamente, habrás de ir adaptando esto a su edad, de forma progresiva.

El mensaje que le envías aquí es:

Eres capaz


Sí, ya sé que es más difícil de hacer que de decir, mucho más. En la educación caminamos por una línea muy fina y seguro que vamos a cometer errores, pero somos humanos. Lo que importa es la trayectoria que sigas.

Aunque pises la línea continua unas pocas veces , mientras no te salgas de la carretera, todo irá bien. Si tienes claras las directrices y eres constante  a lo largo de los años, si un día tu hijo se topa con un acosador, la sangre no llegará al río, y si lo hace, sabrá enfrentarse con fortaleza a la situación.

Además, esto le ayudará a ser más feliz y encarar otros desafíos con entereza, sabiendo que es capaz de superar todo lo que le surja en la vida.

Y por favor, sin un día tu hijo/a te dice que le acosan, no le quites importancia, no le digas que «son cosas de chavales», «ya se te pasará» ni nada por el estilo. Apóyalo, ayúdalo en lo que puedas. Averigua qué ha pasado o qué está pasando.  Aquí más vale pasarse que no llegar.

Si al final resulta que no se trata de acoso, no te preocupes. Habrás hecho lo correcto. Tu hijo necesitaba tu atención y tú se la has dado. Posiblemente sea una llamada de atención indirecta porque tiene otro problema que consciente o inconscientemente no se atreve a verbalizar.

En este sentido, si no estás seguro de si tu hijo/a está siendo víctima de acoso, este artículo te puede ayudar.

Prestando atención a tu hijo/a, jamás te vas a equivocar.