Inteligencias múltiples

Tendemos a calificar como inteligentes únicamente a personas con capacidades para el razonamiento lógico, las matemáticas, la física, la ingeniería, medicina y otras disciplinas provenientes de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, no se suele decir lo mismo de otras personas que tienen talento para las letras, las artes, las humanidades o unas habilidades manuales muy desarrolladas. Se suele decir que alguien es “un manitas”, que “le van las letras” y cosas por el estilo, pero no que sea inteligente. Es más, en ocasiones se intuye un tono condescendiente o conformista, como dando a entender: “¡Qué le vamos a hacer!”

NOTA: este artículo no hace distinción de género, aunque unos párrafos estén escritos exclusivamente en masculino y otros en femenino para no perjudicar la legibilidad.

Esta es una percepción adoptada inconscientemente del racionalismo imperante en la sociedad occidental. Sin embargo, en los últimos años, ha tenido un gran y merecido auge la teoría de las inteligencias múltiples, acuñada por el psicólogo Howard Gardner.

Gardner afirma que el cerebro humano no manifiesta una sola inteligencia, sino muchas. Y que en cada persona, domina una de ellas (a veces varias, aunque no es lo más frecuente).

Entre otras, las inteligencias de un ser humano son las siguientes: la lógico-matemática, lingüística, la relacionada con lo artístico, lo manual y, no menos importante, emocional.

Tanto la explicación de la teoría como la clasificación que he proporcionado son muy de andar por casa, porque no es cuestión de extenderse demasiado. Si te interesa conocer mejor la teoría y a su autor, te remito al siguiente artículo de la Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Howard_Gardner.

Gardner, aunque fuera indirectamente, minimizó la importancia de los famosos test de coeficiente intelectual, que ignoran por completo muchas de estas inteligencias. Estos test pueden tener un efecto muy perjudicial si se consideran como única fuente de información y no se relativizan sus resultados.

Si se interpretan de esta forma, pueden tener un efecto perverso: etiquetar a ciertas personas como “poco inteligentes”, perjudicando en ciertas ocasiones su autoestima e incluso condicionando su futuro, pues posiblemente ya no se sientan capaces de cursar determinados estudios o emprender determinados proyectos profesionales, o incluso vitales.

Esto último es una opinión personal basada en experiencias de personas cercanas a mí que posteriormente, ya a una edad relativamente avanzada se dieron cuenta de que las habían engañado. Pero intuyo que Gardner coincidiría. No creo que esas personas fueran tontas simplemente por el hecho de haber fallado en un psicotécnico o una operación matemática en una prueba bajo la presión del tiempo. Además de que cualquiera puede tener un mal día, estar nervioso o encontrarse mal.

Recordad que Einstein fue etiquetado como un alumno torpe por su maestro de matemáticas simplemente porque no finalizaba los ejercicios en el tiempo que exigía. Einstein era una persona reflexiva y necesitaba su tiempo para responder. No sé qué cara pondría ese señor, si es que seguía vivo, cuando su “torpe” alumno fue reconocido como el físico más importante desde Isaac Newton.

Si te apasiona tanto la figura de Einstein como a mí sabrás que utilizaba su poderosa imaginación para «visualizar» sus teorías sobre el universo, el espacio y el tiempo.

La mente de Einstein ha sido considerada la más brillante hasta el momento. Evidentemente, su inteligencia lógico-matemática estaba muy desarrollada. Pero puede que no más que la de otros eminentes científicos y que lo que marcara la diferencia con ellos fuera que supo valorar y desarrollar otras inteligencias al mismo nivel que esta. Es solo una hipótesis, pero no creo que sea tan descabellada.

Volviendo al presente, no recuerdo haber oído a nadie describir como inteligentes a personas dialogantes, empáticas y asertivas, ni a personas con una gran habilidad innata para la carpintería, la mecánica, el dibujo, etc.

Todas estas inteligencias y otras son tan válidas e importantes como la lógico-matemática.

Sin embargo, no son tenidas en cuenta por los test de coeficiente intelectual.

Por desgracia, las profesiones relacionadas con la filosofía, las artes, la literatura, las humanidades y oficios como los mencionados anteriormente están mucho peor valoradas social y económicamente que la medicina, la ingeniería o la arquitectura, por ejemplo. Todas ellas son igual de necesarias para el avance de una sociedad, aunque no sea percibido de esta forma, en general.

No cometas el error de considerar a tu hijo menos inteligente o menos valioso porque tenga un talento y predisposición innatos para estas profesiones. Todavía peor, si cabe, sería obligarlo a cursar unos estudios que no le motivan ni desarrollan sus auténticas capacidades.

Además, ten en cuenta que dedicamos al menos un tercio de nuestro tiempo al trabajo. ¿Te imaginas el suplicio que supone dedicar ocho horas al día a algo que aborreces? Ponte en su lugar, deja tu ego a un lado y permite que tu hija tome sus propias decisiones.

Pero, ¿y si se equivoca?

Tiene derecho a ello. Los errores en la vida son grandes maestros. Pero si se equivoca, que lo haga ella, no tú. Cargar con los errores de otros es difícil de digerir. Puede lastrar su autoestima y su desarrollo personal para toda la vida.

Edúcala en valores y con inteligencia emocional, ponle límites cuando sea necesario, pero deja intacto su libre albedrío.

Nuestra misión como  padres y madres es cuidar de nuestros hijos mientras son dependientes y prepararlos para la vida, para que un día tomen sus propias decisiones. De pronto, cuando menos te lo esperas, llega ese momento. Y entonces, debes estar a la altura.

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