No puedo con mi hijo

Hay madres y padres desesperados que llegan a pronunciar la frase “no puedo con mi hijo”. Pero no han llegado a plantearse que posiblemente su hijo en algún momento haya pensado lo mismo: “no puedo con mis padres”, “no me dan suficiente cariño”, “no se interesan por mis cosas”. Seguro que la segunda parte de este párrafo te ha sorprendido. Si es así, sigue leyendo.

NOTA: En este artículo alterno el género masculino y el femenino por no perjudicar la legibilidad, pero me estoy refiriendo siempre a ambos.

A veces, la conflictividad en la adolescencia es señal de abandono afectivo

Sé lo que estás pensando: una niña no piensa así. Tienes parte de razón, puede que haya exagerado un poco, pero solo un poco. Piensa que cuando empiezan los problemas es a partir de la adolescencia o preadolescencia, momento en el cual una persona ya tiene la capacidad suficiente para plantearse si se siente realmente querida y atendida, o no. Aunque esos pensamientos no estén tan elaborados como los que he entrecomillado, sí hay una elaboración, aunque sea intuitiva, a esa edad.

Sé de unos padres que afirman que su hijo les molesta, que no pueden con él y lo envían a casa de su abuela. Por desgracia, con algunas variaciones, no es el único caso que ha llegado a mis oídos.

Ser padre o madre requiere una reflexión previa y honesta

Tener hijos es una responsabilidad enorme. Las personas no somos juguetes, ni figuras decorativas ni un traje bonito del que te deshaces cuando te cansas.

Las motivaciones para ser padre o madre no pueden ser del tipo “porque lo lleva la vida”, “porque lo marca la sociedad”, “porque mis padres quieren ser abuelos”, etc. En esto no hay que dejarse guiar por la opinión ni las expectativas de los demás sobre nuestra propia vida.

Optar por no tener hijos es una decisión totalmente legítima. Pero si optas por tenerlos, hay que ser coherente y sobre todo, responsable.

Existen diferentes formas de abandono

No puedes tener hijas porque hace bonito y porque te las comerías cuando son bebés y “abandonarlas” cuando ya no te las comerías y llegan los problemas o algo no encaja en las expectativas irreales que algunas personas se construyen.

He entrecomillado la palabra abandonarlas, porque es exactamente eso. Algunos creerán que el abandono consiste únicamente en no proporcionar ropa y alimento suficientes a un menor, mantenerlo en condiciones insalubres, etc. Y efectivamente es así. Sin embargo, actualmente hay muchos niños y niñas que tiene todas sus necesidades de supervivencia física cubiertas, e incluso caprichos totalmente innecesarios, pero no tienen satisfechas sus necesidades afectivas.

Eso también es una forma de abandono: el afectivo. Dejar a tu hija todo el día en casa de su abuela porque te molesta, no darle cariño o no comprobar si ha hecho los deberes es abandonarla afectivamente. Aunque no quiera hacer los deberes, ¿cómo crees que se siente cuando ni su padre ni su madre le preguntan si los ha hecho o cómo le ha ido en clase? La conclusión que sacará es clara: «les da igual, porque yo les doy igual». Y su autoestima se hundirá.

“Molesta, se porta mal, no puedo con él..

Son excusas para eludir responsabilidades. Algo habrás hecho mal para que no puedas con él. No pasa nada, somos humanos y nos equivocamos.

Rectifica, lucha por él, ponle límites y dile que tiene obligaciones a la vez que reconoces sus derechos, demuéstrale cariño y proximidad.

Para esto no hacen falta libros ni cursos ni masters, sale de dentro. Es inteligencia emocional, educación emocional.

Hoy mejor que mañana

Hay padres y madres que malcrían a sus hijas hasta la adolescencia y pretenden empezar a educarlas y a ponerles límites a partir de esa etapa. Dirán que es por amor, pero no es cierto: es comodidad. Es más fácil concederle el capricho o que se salga con la suya que darle un NO sereno, pero firme. Sí, es difícil, pero si un día decidiste ser padre/madre con todas sus consecuencias, debes hacerlo.

No recuerdo dónde, oí una especie de diálogo ficticio:

– ¿A qué edad ha empezado a educar a su hija?

– Cuando tenía quince días.

– Ha llegado tarde.

Evidentemente, es una exageración, pero no tanto como parece:

Todo empieza cuando cogemos al bebé en brazos cada vez que llora o no se duerme, cuando le damos la chuche siempre que la pide, cuando grita o golpea para conseguir algo y lo consigue, le damos el smartphone cuando llora o se aburre porque no nos apetece jugar con ella, etc.

Cada vez que hacemos una de estas cosas, le impedimos que desarrolle su tolerancia a la frustración, reforzamos conductas agresivas, adictivas, etc.

¡Qué he hecho yo para merecer esto!

Si pretendes educar a partir de la adolescencia, vas a tener muchos problemas. El chico ya no se va a dejar. Puede llegar la agresividad verbal y, en el peor de los casos, la física. Y entonces es cuando vienen las quejas del tipo “Esto me supera” o “¡Qué he hecho yo para merecer esto!”. Esta última me parece la más acertada, porque pone el dedo en la llaga:

Efectivamente, no has hecho nada, pero nada de nada. Si hubieras hecho algo, esto no te estaría pasando.

Si hubieras educado a tu hijo…

Si le hubieras puesto límites, pero al mismo tiempo lo hubieras reforzado cuando hacía algo bueno…

Si le hubieras dado cariño y aceptado incondicionalmente…

Si le hubieras transmitido valores…

Esto no te estaría pasando. Y lo que es más importante todavía:

No le estaría pasando a él

Resumiendo:

Di NO a tu hija cuando sea necesario, juega con ella, dale cariño; ponle límites mientras refuerzas y premias las actitudes positivas, ayúdale a hacer los deberes cuando lo necesite, interésate por sus cosas y… déjala con sus abuelos para que comparta tiempo y experiencias con ellos, no porque te moleste.

Eso es amar a las hijas. Eso es amar a los hijos.

Si con todo, no consigues una mejoría, consulta a un profesional de la psicología, pedagogía, trabajo social… 

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